Keep calm and Ropewalk

ropewalk 1La semana pasada, La Marquesa del Campillo estuvo en Londres. No puedo pensar en una ciudad que me guste más, y para contar todas las veces que he estado tendría que utilizar los dedos de las dos manos, de los dos pies e incluso tendría que pedir, por lo menos, una mano más.

Lo que más me gusta de Londres, es que siempre hay algo que hacer. A cualquier hora y en cualquier momento. Por poner un ejemplo, si pasas por la cristalera de algún restaurante, siempre verás a alguien comiendo independientemente de la hora. En  España nos empeñamos en decir que los igleses no saben comer. Pero para mí, uno de los mejores planes de ir a Londres es cuando llega la hora de la comida, te metes en un pub y te pides tu pinta de cerveza con la sopa del día, el sunday roast con su guarnición, su gravy y su pie, unas salchichas con puré de patata o cómo no, las famosas fish and chips mientras escuchas buena música de fondo.

Otra cosa que me encanta de Londres, son sus mercadillos. Hay un montón, se montan diferentes días y algunos están especializados en ropa, otros en comida, otros en flores, en ropa de segunda mano, antigüedades…En esta última visita descubrí un mercadillo desconocido para mí y se llama Ropewalk.

Para que nos hagamos una idea, si estamos en Tower Bridge, en vez de ir a Tower of London, tendremos que ir al otro lado del puente. Donde parece que no hay nada, allí. Y nos encontraremos con Maltby Street, y la parada de metro es Bermondsey.

Es una zona muy parecida a Bricklane, de ladrillo y con naves industriales. De hecho, Ropewalk está ubicado en una especie de pasillo formado por dos de ellas. Estas naves, que por un lado tienen talleres de coches de lujo, por el otro nos descubren este mercadillo principalmente de comida y de antigüedades.

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El puesto que más cola tenía era Monty´s Delhi, donde casi todo el mundo salía de ella con unos sandwiches de pastrami. El pastrami es carne roja desangrada, puesta en salazón, a la que se le añaden diversas especias y después se ahuma. En este puesto todo este proceso es artesanal y el resultado final es un sandwich a rebosar de pastrami con pepinillo de acompañamiento ¡Tenían una pinta de morirse!

Casi todo el mundo, acompañaba su comida con unas jarritas de Bloody Mary que salían de un puesto que se llama Little Bird Gin. A parecer esta ginebra se destila cuidadamente en pequeños lotes utilizando productos botánicos, el pomelo y la naranja. Ya se sabe que el Bloody Mary es el antídoto perfecto para combatir la resaca, así que es una bebida perfecta un sábado por la mañana.

Como postre, uno no se puede resisitir a los Brownies de Bad Brownie Company. Había de todo tipo por poco más de 3 libras: Salted Caramel, triple chocolate, tarta de queso y ¡hasta de bacon! También había puestos de tartas decoradas con flores frescas y diferentes sitios de café.

Una tienda enorme de antigüedades que se llama LASSCO (The London Architectural Salvage and Supply Co), hace el mismo recorrido que el mercadillo de comida pero por dentro de las naves. Se pueden encontrar desde cajitas de juanolas de los años 30 hasta bañeras de cerámica con patas de cobre, tocadores, ropa, lámaparas de todos los estilos, sillas, mesas, espejos… En fin, una forma estupenda de ponernos los dientes largos a todos los que volvemos a Madrid con Ryanair.
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¡Si quieres hacer un plan parecido en Madrid, recuerda que los días 8 y 9 de Febrero estará abierto el Mercado de Motores!
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Bares de viejos. Bares de modernos

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Hace unos meses leí en la revista GQ un artículo que explicaba por qué los hipsters (vamos, los alternativos de toda la vida) preferían estos bares.
Sr. Chinarro se deja ver por El Palentino.

Los bares de viejos sobrevivieron a los bares-cafetería en los 90  y en el 2000 a los bares minimalistas de diseño y a los de tapas de autor. Y  gracias a una clientela fija (cada vez más vieja) y precios populares, han llegado a nuestro tiempo siendo lugares top.
A mí,  el gusto por estos bares me lo inculcó alguien que no era de Madrid, y de donde venía, básicamente, lo único que había eran bares de viejos. Y se manejaba en ellos como pez en el agua. Sólo con ver la barra podía decir si era un buen bar o no. Porque en los bares de viejos se bebe de pie, y la barra, como decía, tiene que tener para apoyar el codo y el pie. Una barra ergonómica que te invite a quedarte. Y tiene que ser larga para que quepa todo el mundo. Y de aluminio. Y con ganchos para que se puedan colgar los bolsos. En los bares de viejos los camareros deben ser así, viejos. Y el mobiliario debe ser viejo de verdad, no de atrezzo. En los bares de viejos debe haber un baño (ya que varias cervezas seguidas pueden empezar a hacer de las suyas), pero no obligatoriamente dos separados por sexos. En los bares de viejos el formato en el que se bebe la cerveza es la caña y también se admite el vermuth. Los bares de viejos no son lugares para tomarse una Brabante, ni la conocen. Y los encurtidos serán la estrella. En los bares de viejos debe haber servilletas, huesos de aceituna y palillos tirados en el suelo. Y a los que los frecuentan, no les importa.

El arquetipo de este tipo de bares es El Palentino (Calle del Pez, 12), donde el camarero, Casto, es tan famoso que hasta concede entrevistas. Es un hombre de costumbres, como la de echar sal a las patatas fritas, pero con sus años, quién soy yo para quitarle las manías a nadie. Tienen desayunos y pepitos de ternera que saben bien a cualquier hora. Y los fines de semana, hasta un segurata en la puerta.

Otro incombustible es Casa Camacho (Calle San Andres, 4). No hay que dejar de probar los yayos, una mezcla de ginebra, vermouth y casera que sienta bien tanto en el aperitivo como por la noche siendo la alternativa barata a las copas. Lo llevan 3 tíos (que no sé si son hermanos, pero se parecen mucho) no demasiado viejos pero que rezuman cierta solera. Las aceitunas que ponen de aperitivo son las mejores del mundo y nada más entrar hay un olor al vinagre de las banderillas, pepinillos y demás encurtidos, que la boca empieza a salivarte sin tregua.

Una de las Bodegas de La Ardosa (Calle Santa Engracia, 70) fué el primer bar de viejos que frecuenté, y por el que han tomado cañas y bravas mis abuelos, mis padres y mis tíos. Solía ser la antesala a las comidas familiares los domingos a medio día y el punto de partida de muchos días de paseo. Cumple todos los requisitos: cañas bien tiradas, vermouth y tapas sencillas. En este caso, las bravas. Las mejores.

Un sitio no tan conocido como los anteriores es el Bar la Alegría (Calle de las Veneras, 7), y la ventaja que tiene es que al ser menos conocido, es más auténtico. Y eso que está en una calle entre Gran Vía y Preciados. Es una relación directamente proporcional. La tortilla de patata está de escándalo y el lacón también.

Cerca de la Plaza Mayor está Casa Revuelta (Calle de Latoneros, 3). Siempre está muy concurrido pero hay que hacerse fuerte en la barra o donde sea para poder tomarse una ración de torreznos o de bacalao (para mí, mucho más rico y más barato que el de Casa Labra)

Si uno se da una vuelta por estos bares de Madrid, podrá preguntarse si son los nuevos bares de moda o por el contrario siempre lo fueron. Hay cosas que son irreductibles al tiempo y a las modas, y los bares de viejos son uno de ellos.  Y no sólo porque en Madrid siempre hay bares ni sólo porque en Madrid haya viejos.

LONDRES PARECE. MADRID ES

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Una de las cosas que más me gusta de Londres es la cantidad de mercadillos que tiene. No todos son tan extensos como el Rastro, pero sin duda, son mercadillos de calidad. En cada puesto encuentras artículos genuinos y diferentes de los demás y cada mercadillo se especializa en algo en concreto. Siempre que voy a Londres pienso en el hecho de que allí, con las lluvias y el frío puedas disfrutar de un mercadillo diario y  aquí en Madrid tengamos como único mercadillo el Rastro, el cual me parece que se está quedando como algo a visitar por los turistas, pero que para la mayoría de los madrileños, carece de interés. Así que este fin de semana, en el Mercado de Motores, he tenido la sensación de estar por unas horas en Spitalfields. Y me ha encantado la experiencia.

Se celebra en el Museo del Fecocarril de Madrid el viernes, sábado y domingo del 2º fin de semana de cada mes y al ser un espacio cerrado ni los vendedores ni los visitantes deben preocuparse por las posibles lluvias. Los puestos de collares y bisutería, muebles de estilo vintage, zapatos artesanales, ropa de primera y segunda mano, discos, gafas de sol de los años 50, 60 y 70, bolsos y tocados utilizan al Tren de la Fresa o al Talgo como pared donde apoyar sus artículos y dan al espacio un toque destartalado que hace de esta vieja estación de trenes un lugar acogedor. Además, al aire libre pero dentro del recinto,  hay puestos de sushi, paella, migas, bocadillos, perritos calientes, hamburguesas de The Burguer Lab, mojitos, gin tonics y cervezas. El sol de otoño, el airecito y la música en vivo me hizo recordar los domingos londineneses.

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Por cada puesto que pasaba me daban ganas de comprarme una cosa distina, pero al final, después de darme un par de vueltas, ponerme los dientes largos con muchas cosas me he acabado comprando este collar en Pitusse by Lott. Me encanta la bisutería texil. No pesa nada, es discreta y da un toque naïf genial a lo que se lleve puesto. Además la originalidad no está reñida con el precio.la foto 4(2)

Otro puesto que me ha encantado, es el de Pena Jewels. Una pequeña marca de joyería artesanal nacida en Lisboa pero con base y taller en Madrid. Sus colecciones Cola de León y Summer Fruit me han parecido de lo más ponible y de muy buen gusto. La primera son  tigres, osos, ovejas y conejos hechos de latón  envejecido  y la segunda es una colección de futas pintadas con esmaltes fríos. Hay de todo: imperdibles, pines, collares, pulsares, colgantes, pendientes, anillos, gemelos… ¡Lejos de parecer ñoño es de lo más chulo!

No hay cosa que me guste más en un mercadillo que probarme gafas de sol (¿ a quién no?) . En el puesto de Gafavintage había gafas de sol y de ver desde los 50´hasta los 80´originales de la época, que provienen de colecciones privadas y están a estrenar en perfecto estado. Los precios, siendo para pensarse la compra un par de veces, no me parecieron para nada exagerados y desde 60 euros había monturas que me parecían lo más. ¡Fue divertidisímo!

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Fuera del recinto habilitan un espacio para que la gente, supongo que será previa reserva y no sé si abonando un alquiler, vaya con las cosas que le sobran en casa a venderlas. Hay de todo, en mejor y peor estado. Cosas baratas y cosas más caras. Pero quién sabe si de lo que alguien se quiere deshacer es un tesoro para otro…

Made in China. Hecho en China

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En la temporada de primavera de  Zara Woman se vendía un abrigo de esta tela de tapicería. Me gustó mucho, me lo probé varias veces, pero como la primavera en Madrid cada vez es más corta decidí no comprámelo e invertir lo que costaba en algún vestido, bañador o camiseta de tirantes para el verano que teníamos ya encima.

Cuando empezaron las rebajas lo ví y lo compré. Seguía haciendo el mismo calor que un par de meses antes, pero con la cabeza puesta en septiembre, pensé que sería una buena oportunidad de cara al otoño. Obviamente todavía no lo he podido estrenar y aún lo tengo dentro del armario con la etiqueta puesta. Esta mañana paseando por el centro , he entrado en Mulaya a ver qué se cocía, y cual ha sido mi sorpresa al ver cómo sobresalía una manga de esta tela de tapicería de uno de los burros de la tienda. Me he acercado, lo he sacado del burro ¡ y casi me muero al comprobar que era mi abrigo!  ¿Cuál es cuál?

abrigo mulaya abrigo zara

La misma tela, la misma calidad, el mismo corte, y para colmo, casi casi la misma etiqueta. La única diferencia, como siempre, el precio, que obviamente en Mulaya, es más barato. Aunque he de decir, que creo que es producto más caro que he visto en estas tiendas.

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Aunque tenemos claro que Mulaya es una tienda de ropa china, parece que de Zara no lo tenemos tan claro, pero sólo hace falta mirar las etiquetas tan largas que siempre solemos quitar porque nos pican y molestan para salir de dudas.

made in china

Por cierto, metida en harina he descubierto estos botines en Lefties. Apuesto a que no hace falta comprobar su procedencia.

zapatos lefties

A relaxing cup of café con leche en ¿la plaza mayor?

relaxing cup of café con leche

Nuestra flamante alcaldesa se merece un sopapo como este, un zas en toda la boca, después del discurso del otro día ante los miembros del COI. Pero ya ni por la pronunciación, ni por esa puesta en marcha de todos los músculos de la cara al mismo tiempo a la hora de hablar. ¿Cómo?, ¿Cómo es posible que recomiendes una taza de café en  Plaza Mayor? ¿Cómo es posible que una persona nacida el 23 de julio de1954 en MADRID, estudiante de la Universidad Complutense de MADRID, concejala de medio ambiente de la Comunidad de MADRID, segunda teniente de alcalde de la Comunidad de MADRID y alcaldesa de MADRID conozca tan poco su ciudad?

Batman, que es de Gotham City y no de Madrid tiene toda la razón: En la Plaza Mayor te comes un bocadillo de calamares o te compras una figurita para el belén (esto lo apunto yo, que a Batman se le ha escapado este detalle) pero ir a tomarse un café con leche en la Plaza Mayor es como cuando a Bridget Jones nadie la avisa que la fiesta de disfraces ya no es de disfraces. Vamos, un fuera de lugar, un sinsentido.

Y a ver, Madrid no es que sea la cuna del Café. Ni mucho menos, ni de lejos. Ni por el forro. No es Colombia ni es Italia, y en esto hasta nuestros vecinos nos ganan. No, tampoco es Portugal. Pero hay sitios donde el café, sin ser una maravilla, tampoco es tan malo, no te atracan a mano armada al tomarte uno y según mi opinión, tienen su encanto.

Cerca de la Plaza Mayor, en la Puerta del Sol sin ir más lejos está La Mallorquina. En navidades la entrada está tapada por vendedoras de lotería, pero pasando esta primera barrera, entras. Lleva en pie desde finales del siglo XIX y si es famosa, más que por sus cafés, lo es por sus napolitanas. Pura delicia. Y claro, es difícil comerse una napolitana sin acompañarla con un café. En la planta de abajo tiene los mostradores y una barra y si subes las escaleras, hay mesas donde puedes encontrarte, por ejemplo, a Javier Gurruchaga. Verídico.

A 5 minutos andando de la  Plaza Mayor, en la Calle Preciados, hay una tienda de café que también es cafetería, La Mexicana, donde te puedes tomar una relaxing cup of café con leche,sólo o bombón (el preferido de mi padre). Si te gusta el café que has tomado, lo puedes comprar para llevártelo a casa, y según que cafetera tengas así te lo muelen, porque el café allí lo tienen en grano.

El Café Ruiz me gusta mucho. Está en la calle Ruiz, 5 y es un café de principios del siglo pasado. Es más para ir a media tarde y por la noche, ya que también sirven copas. Los sofás son de tapicería de terciopelo rojo, to-tal! y la decoración, pues poco la han cambiado desde el siglo pasado, así que podemos decir que es vintage, que ahora vende mucho. Si es para un café de despejarse por las mañana, de un aquí te pillo aquí te mato, no merece la pena. Si es para una primera cita, tampoco. Para cualquier otra cosa, entonces sí.

Para planes más de día, se puede ir a Olivia te Cuida, en la Calle Santa Teresa, 8. Es un sitio chiquitito, super bien cuidado, de estos que recomiendan en Telva para una mañana de compras entre amigas (hay un Mulaya muy cerca en la calle Sagasta) Y ellos lo saben, es un sitio de chicas. Siempre tienen flores frescas en los jarrones y todo está ideal puesto. Si se va  a medio día,ponen ensaladas y comida bio. ¿Qué tomar, unos raviolis de calabaza o una ensalada de manzana ecológica con nueces? Vaaaale, el café no es la leche, está bueno sin más, pero el sitio es monísimo. Y las cucharillas, son de plata.

Propongo la cafetería del Cine Doré, en la Calle de Santa Isabel, 3 (para mí, el cine más bonito del mundo) a los cinéfilos, bohemios y a los solteros que busquen un romance con toques de gafapastismo intelectualoide. Y es que a la Filmoteca van muchos gafapastas solos. Con libros bajo el brazo, fumando cigarros de liar y  su móvil sin 3G. ¡Qué monos son! No propondría nunca este sitio para una primera cita, pero sin embargo, puede surgir una primera cita de este lugar. La tarta de chocolate casera es perfecta para compartir. Ah sí, el café. El café está rico porque lo sirven con espumita.

Sólo dos cosas más: 1) Recuerda que ninguno de estos sitios son aptos para una primera cita. 2)Ana Botella estudió en el Colegio Madrileño de las Madres Irlandesas.

Principios básicos para tener una segunda cita

PRIMERA CITA

Os conocéis el sábado por la noche en el RRR. Después de estar parte de la noche hablando, se encienden las luces (ya???), te ponen el resto de copa que te queda en un vaso de cartón y entre el humo de los que fuman en la puerta y las señales evidentes de que tus amigas se quieren ir a casa te despides como puedes de Mr. X (la música estaba muy alta y no te enteraste bien de su nombre cuando te lo dijo). Te deja su nombre apuntado en el bloc de notas del móvil para que le busques en Facebook “y ya vamos hablando si eso”.

El domingo te levantas un tanto resacosa y miras el bloc de notas del móvil para agregarle a tu red social (¡ni que no te supieras a estas alturas su nombre!). Después de intuirle en varias fotos de perfil, le encuentras. Y es que Mr. X tiene un nombre común. Se hace un poco el intresante y cuando acepta tu solicitud de amistad (¡bien! ¡se acuerda de ti!) hay más fotos en las que sale favorecido que en las que no. Por lo menos es fotogénico.

Después de estar chateando de cosas típicas (oh, sí, no me gusta el tipo de música que hace, pero Bisbal es buena gente; sí, suelo salir mucho por el RRR aunque antes estaba mejor; Amélie tuvo su momento) te emocionas pensando en todo lo que tienes en común con Mr. X  y decides proponerle tomar algo, a lo que él acepta. Vamos, que vais a tener una primera cita en toda regla.

En este momento, amiga, hay que tener en cuenta muchas variables para que después de una primera cita haya una segunda. Poco se puede dejar al azar, y menos confiar en que él lleve algo pensado, porque como no sea así, nada más veros vais a tener que empezar a tomar decisiones, y eso no mola. No, no, no.

Dejo a tu elección (o para otro post) qué ropa ponerte o si recogerte el pelo o llevarlo suelto,  pero te voy a dar tres nadas de nada que deberás respetar,  y si los respetas, tendrás mucha cita ganada:

  1. Nada de cine: En el cine no se puede hablar y aunque los dos penséis que Amélie tuvo su momento, la cartelera es muy amplia y podéis no coincidir en gustos. Y buena gana de desencantarse tan pronto. Total, al precio que está el cine, tampoco iréis mucho.
  2. Nada de cenar: Imagínate que come con la boca abierta, mejor descubrir eso más adelante. Demasiadas decisiones. Dónde cenar, qué pedir, si compartir o cada uno lo suyo. ¿Y quién paga? ¿A medias? ¿Que te invite él? ¿Invitas tú (sólo por no enfrentarte a ese momento)? No mola, ¿verdad? Y digo cenar porque doy por hecho que la cita es por la noche. No choice.
  3. Nada de quedar en fin de semana: Tu eres una chica con amigos, y la antigüedad es un grado, y es con ellos con quien quedas en fin de semana. ¡Quién se ha creído Mr. X! Eres una chica con planes pero que sin embargo no te importa hacer un hueco en tu agenda entre semana. Además, si te aburres de Mr. X,  tan fácil como decir que mañana madrugas mucho y que es una pena, pero que prefieres irte a casa.

Para terminar de bordar la cita, aquí te propongo 5 sitios que son apuesta segura y que si no los conoces, llévate aprendido el mapa o mira de reojo Google Maps en el móvil. ¡Quedaría un poco raro proponer y no saber llegar!

Picnic (calle Minas, 1)

Este bar tiene muchas cosas buenas: Cerveza Estrella Galicia, la primera. Tiene dos plantas, la de arriba con mesas y grandes ventanales que dan a la calle. La de abajo, sofás de terciopelo rojo y cuadros de caballos como los que tendría tu abuela en casa. La música, aunque Xoel López de Deluxe es socio, siempre está bajita, pero si afinas el oído, seguro que te gusta lo que escuchas.

The Irish Rover (Avda. del Brasil, 7)

¿Trabajas por la zona de Castellana? Un buen sitio para quedar así como informal a la salida del trabajo. Es tan conocido que puedes quedar con él directamente allí. En la parte de arriba tiene una terraza por si hace buen tiempo o de repente ves a tu jefe a lo lejos y quieres evitarle. Si la cosa se anima, tienes al lado el Moby Dick, para echarte unos bailes o lo que surja.

Anticafé (Calle Unión, 2)

Es un curioso bar poco conocido por la zona de Ópera. Me enganchó por el Ruso Blanco que preparan. Aunque parece un poco destartalado al entrar, cuando te sientas y te mimetizas con el ambiente, es de lo más agradable para charlar tranquilamente. Consejo: no hables de tus ex en la primera cita, y menos si llevas dos Rusos Blancos encima. Si la cosa se pone romanticona, podéis daros un paseo a la luz de la luna por la Plaza de Oriente.

El Templo del Gato (Calle Trujillos, 7)

Sí, eres una chica dura y se lo quieres dejar claro a Mr. X. En este bar los tercios se beben a morro, no pidas vaso. Si encima juegas al billar te puedes marcar un triple echándole una partida. Es como un volver a los 80. Ten cuidado si llevas tacones, hay unas cuantas escaleras hasta que llegas o sales del meollo del bar. No seas Bridget Jones y te vayas a caer rodando escaleras abajo, la cita podría acabar en esguince.

Warehouse 37 (Calle Barco, 37)

Buenas copas, bien puestas a mejor precio. Perfecto si te toca invitar a una segunda ronda (la primera espero que la pague él). No desconfíes de su virilidad si se pide un gin tonic o un mojito de fresa, están buenísimos.

Si con todas estas recomendaciones no hay una segunda cita con Mr. X, plantéate que no era el hombre de tu vida. O tal vez tu peinado, o tu ropa…

I Love Mulaya

MULAYA

Lo más impresionante de China, La Gran Muralla. Una de las 7 Maravillas del Mundo desde el año 2007. Más de 8000km de extensión. Se dice que hasta se podía ver desde el espacio. Y es que hay cosas que parece que sólo saben hacer los Chinos.

Primero les conocimos por sus restaurantes con puertas rojas y dragones a la entrada. Después las tiendas de frutos secos y de 100 pesetas se transformaron en los cajón de sastre llamados “chinos” y ahora, las tiendas Mulaya están en calles como Narváez, San Bernando o Toledo haciendo la competencia a Zara, Mango, Blanco o Stradivarius. Así, sin enterarnos. Y me da que esto acaba de empezar. Hay algunas que ya tienen hasta sección Outlet. Alucina vecina.

Como la Muralla, la Gran Mulaya se extiende por la capital, y cada vez, con más adeptos. Y yo una de ellas. Y no me gusta todo lo que tienen, ni me parece que todo sea tan barato , pero me parece que a veces te encuentras con cosas. Y cuando doy con algo susceptible de ser comprado me hago 3 preguntas:

1. ¿Podrías encontrarlo en Zara?

2. ¿Cuesta la mitad de lo que pagarías en una tienda “normal”?

Si las dos preguntas son afirmativas, antes de plantarme frente a la caja con mi artículo “que- no-parece-de-Mulaya-pero-me -lo-llevo-a-precio-de- tienda-de-chinos” me hago la tercera pregunta o más bien reflexión: ¿Pero te lo vas a poner? ¿De verdad?¿Seguro? Si es así, adelante. En Mulaya es muy fácil ser comprador compulsivo.

Hay que tener en cuenta que  cuando compras en Mulaya ya no hay vuelta atrás, ese dinero ya no te lo devuelven. No lo recuperas. Y aunque puedes cambiarlo por otro artículo en 15 días nadie te garantiza que vayas a encontrar otra cosa que te guste en ese periodo de tiempo. Ni en esa tienda en concreto. Porque a Mulaya hay que ir, darse un paseo y ver qué te encuentras. Sin mucha pretensión ni albergando muchas ilusiones.

Esta es mi compra estrella en Mulaya. Ni me lo pensé. Hubiera pagado mucho más en cualquier otra tienda. Todo fue Sí. Sí. Si.Sí. Síííííí!!!

collar mulaya

¿Acaso no es digno de estar en Bimba y Lola? A mí me lo pareció y a otras tantas, también. Y es que  al final, lo mejor de comprar en Mulaya es cuando alguien te dice “Qué mono es el collar, de dónde es?” Y contestas llena de orgullo y satisfacción ” De Mulaya, 7€”