Keep calm and Ropewalk

ropewalk 1La semana pasada, La Marquesa del Campillo estuvo en Londres. No puedo pensar en una ciudad que me guste más, y para contar todas las veces que he estado tendría que utilizar los dedos de las dos manos, de los dos pies e incluso tendría que pedir, por lo menos, una mano más.

Lo que más me gusta de Londres, es que siempre hay algo que hacer. A cualquier hora y en cualquier momento. Por poner un ejemplo, si pasas por la cristalera de algún restaurante, siempre verás a alguien comiendo independientemente de la hora. En  España nos empeñamos en decir que los igleses no saben comer. Pero para mí, uno de los mejores planes de ir a Londres es cuando llega la hora de la comida, te metes en un pub y te pides tu pinta de cerveza con la sopa del día, el sunday roast con su guarnición, su gravy y su pie, unas salchichas con puré de patata o cómo no, las famosas fish and chips mientras escuchas buena música de fondo.

Otra cosa que me encanta de Londres, son sus mercadillos. Hay un montón, se montan diferentes días y algunos están especializados en ropa, otros en comida, otros en flores, en ropa de segunda mano, antigüedades…En esta última visita descubrí un mercadillo desconocido para mí y se llama Ropewalk.

Para que nos hagamos una idea, si estamos en Tower Bridge, en vez de ir a Tower of London, tendremos que ir al otro lado del puente. Donde parece que no hay nada, allí. Y nos encontraremos con Maltby Street, y la parada de metro es Bermondsey.

Es una zona muy parecida a Bricklane, de ladrillo y con naves industriales. De hecho, Ropewalk está ubicado en una especie de pasillo formado por dos de ellas. Estas naves, que por un lado tienen talleres de coches de lujo, por el otro nos descubren este mercadillo principalmente de comida y de antigüedades.

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El puesto que más cola tenía era Monty´s Delhi, donde casi todo el mundo salía de ella con unos sandwiches de pastrami. El pastrami es carne roja desangrada, puesta en salazón, a la que se le añaden diversas especias y después se ahuma. En este puesto todo este proceso es artesanal y el resultado final es un sandwich a rebosar de pastrami con pepinillo de acompañamiento ¡Tenían una pinta de morirse!

Casi todo el mundo, acompañaba su comida con unas jarritas de Bloody Mary que salían de un puesto que se llama Little Bird Gin. A parecer esta ginebra se destila cuidadamente en pequeños lotes utilizando productos botánicos, el pomelo y la naranja. Ya se sabe que el Bloody Mary es el antídoto perfecto para combatir la resaca, así que es una bebida perfecta un sábado por la mañana.

Como postre, uno no se puede resisitir a los Brownies de Bad Brownie Company. Había de todo tipo por poco más de 3 libras: Salted Caramel, triple chocolate, tarta de queso y ¡hasta de bacon! También había puestos de tartas decoradas con flores frescas y diferentes sitios de café.

Una tienda enorme de antigüedades que se llama LASSCO (The London Architectural Salvage and Supply Co), hace el mismo recorrido que el mercadillo de comida pero por dentro de las naves. Se pueden encontrar desde cajitas de juanolas de los años 30 hasta bañeras de cerámica con patas de cobre, tocadores, ropa, lámaparas de todos los estilos, sillas, mesas, espejos… En fin, una forma estupenda de ponernos los dientes largos a todos los que volvemos a Madrid con Ryanair.
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¡Si quieres hacer un plan parecido en Madrid, recuerda que los días 8 y 9 de Febrero estará abierto el Mercado de Motores!

Un mercado muy santo. El mercado de San Fernando

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Entre la calle Embajadores y la calle Tribulete descubrí el fin de semana pasado un tesoro camuflado detrás de una fachada de ladrillo y piedra. En pleno barrio de Lavapiés hay un mercado de los que se llevan ahora. Esos mercados donde puedes comprar unos filetes, tomarte un pincho y acompañarlo con unas cañas y un vino. Vaya notición, ¿eh? Otro Mercado de San Antón o de San Miguel. Otro mercado donde la gente va a la compra en tacones, donde hay más turistas con cámaras que señoras con carritos, donde no te venden unos filetes de hígado pero sí venden foie. Donde el pescado, la carne y la fruta es muy bonita, está perfectamente colocada pero al ver el precio decides sólo mirar y comprar en el Mercadona más cercano. Donde hay que hacerse fuerte para poder tomarte una caña apoyada en una mesa.

Pues sí, En el Mercado de San Fernando te puedes tomar gin tonics, y cervezas artesanales. Y seguro que foie también. Puedes comer sushi y comida griega. Hacer catas de aceites y aprender a hacer tekka makis. Puedes comprar literatura al peso y escuchar música en directo. Puedes reparar la bicicleta y probar una gran selección de quesos. Puedes comprar postales, ropa, bolsos y complementos. Y tomarte un pincho de tortilla, una ración de croquetas  y si es domingo, una tapa de paella. Y merendar un cup cake con un capuccino. Pero también puedes comprar carne, fruta, verduras, encurtidos, pescado y embutido. Y hay filetes de hígado.

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Y algunos tenderos son las personas que llevan en el mercado siempre, con sus delantales y mandiles, sus canas y sus moños. Con sus puestos de toda la vida y con su clientela fija. Esos que te llaman hermosa y joven y a gritos te preguntan que qué te ponen. Y cuando pides unos filetes “que sean buenos” y no sabes responder si de babilla o tapilla te miran como diciendo “Hija mía, que ya tienes edad para saber esas cosas” Y no hay postureo que valga. Y no aceptan tarjetas de crédito.

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Y otros tenderos son personas jóvenes, con ideas y puestos innovadores que han atraído a una clientela más joven. Los que salvaron al mercado de convertirlo en otro mercado gourmet al uso y devolvieron a Lavapies su mercado de barrio, castizo y moderno. Estas personas emprendedoras, muchas presa de la crisis, en situación desempleo y con muchas ganas de trabajar decidieron asociarse  y montar sus propios negocios resucitando al mercado, a la Plaza de Abastos y a los pocos tenderos que quedaban todavía activos.

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Aunque no sea un mercado gourmet, tiene iniciativas del mismo calibre. Todos los jueves hay un afterwork desde las seis de la tarde donde hacen maridaje de cava y sushi por 4€. La pega es que si sales muy tarde de trabajar no podrás disfrutarlo, ya que lo único malo que tiene es que cierra a las nueve.
¡Ah! ¡Y hay un bar de viejos!