Japonismo en Madrid

la foto(2)Desde octubre hasta el próximo mes de febrero hay una exposición en Caixa Fórum dedicada al interés Europeo (aunque más bien se podría decir español por las obras expuestas) por la cultura japonesa a finales de siglo XIX.

Cuando Japón se abrió al mundo en 1864, Occidente cayó rendido al aparente exotismo de su arte y de sus objetos. Se empezaron a importar kimonos, abanicos, cerámicas, lacas, pinturas, esculturas, textiles que hicieron las delicias de los europeos y norteamericanos. Esta atracción japonesa en el mundo occidental recibe el nombre de Japonismo.Desde entonces, este gusto por lo japonés nos sigue acompañando hasta el  siglo XXI, y con un poco de imaginación podemos hacer de Madrid  Tokio o Kioto por un día.

¿Quién no se acuerda de la escena del karaoke en la película Lost in Translation? Scarlett con su peluca rosa seduciendo a Bill Murray a ritmo de Brass In Pocket de los Pretenders.  La palabra ‘karaoke’ está formada por dos palabras japonesas: ‘Kara’ que viene del ‘karappo’ que significa vacío y ‘Oke’ que se ha acortado de ‘okesutura’ que significa orquesta. Así que podríamos traducir ‘karaoke’ por ‘orquesta vacía’. Andy Warhol decía que “todo el mundo debería tener sus 15 minutos de fama” y el karaoke es perfecto para ello. En este caso, en vez lo de los Pretenders, sonaría Bisbal, Nino Bravo o a lo mucho Bon Jovi, pero el toque casposo, para un plan de karaoke; nunca está de más. Mi favorito está en la plaza de los Mostenses, en la entrada del parking. Acabo de descubrir que se llama Master Plató Karaoke. Lo único malo, las copas. El garrafón, aparte de uno mismo sobre el escenario, es la estrella.

En una ciudad a menos de 3 horas en tren bala desde Tokio, existe la mayor población de geishas en todo Japón a día de hoy.  Se trata de Kioto, y la película Memorias de una geisha está ambientada allí. Pues bien, la Calle Barquillo 18 se encuentra Gion, una tienda de ropa y complementos de 2ª mano japoneses. El nombre no puede ser más acertado. Gion es el barrio de las geishas en Kioto, donde si uno espera pacientemente a la entrada de las múltiples casas de té, puede sacar una instantanea a alguna. Aunque no se compre nada, merece la pena entrar y echar un vistazo, ya que no sólo tienen objetos y ropa tradicionales, también ropa 80´s y 90´s.

Una película menos conocida es Tampopo y está directamente relacionada con la elaboración de la sopa ramen perfecta. La sopa ramen, aunque es de origen chino fue adoptada por los japoneses, y básicamente consiste en fideos (men) y el acompañamiento (gu) que puede ser cerdo, pollo, salsa de soja o miso. Hay una cadena que se llama Oishii,donde están especializados en esta sopa. Para un día como los de hoy de frío, entra fenomenal. Para morirse de gusto comiendo sushi, maki y nigiri me quedo, sin duda, con el  Restaurante Naomi, en la Calle Ávila, 14. La calidad es muy buena, el sitio es auténtico y el precio muy razonable. Y si es jueves, el maridaje de cava y sushi en el Mercado de San Fernando.

Aunque manga no significa más que historieta en japonés, en nuestra cabeza aparece directamente esto. Es más, hasta la RAE tras definir así esta palabra “.(Del jap. manga). 1. m. Género de cómic de origen japonés, de dibujos sencillos, en el que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos. 2. adj. Perteneciente o relativo al manga. Vídeos, estética manga.” tuvo que rectificar y moderarse “(Del jap. manga). 1. m. Cómic de origen japonés. 2. m. Género correspondiente al manga. 3. adj. Perteneciente o relativo al manga. Videos, estética manga”. Hay una tienda que se llama Otaku Center en la Calle de la Luna 24, donde encontrar un montón de géneros manga, como si uno estuviera en el mismísimo Akihabara.

Un futón es el estilo de cama tradicional japonés que consiste en un colchón  y una funda unida que se pueda plegar poder ser almacenado durante el día y permitir otros usos en la habitación, además de como dormitorio. Los futones están diseñados para situarse sobre suelos de tatami. Si te gusta la idea, en la Calle Echegaray 9, hay una tienda que se llama Futonart, donde puedes encontrarlos. Tener el colchón directamente en el suelo sin somier, no es japonés, es una guarrada. Si se hace, hay que hacerlo como Dios manda.

A los japoneses les encanta beber, de eso no hay duda. Y están muy orgullosos de sus cervezas. Entre las más conocidas están la Kirin, Sapporo, Suntori y Asahi. La cerveza japonesa es cara aquí y en Japón, de hecho allí se estila mucho beber un sucedáneo de cerveza hecha de sustitutos de malta como judias, soja, maiz o guisantes que es mucho más económica. Hay una tienda para comprar la cerveza Asahi que se llama  Santa Cecilia en la Calle Blasco de Garay, 74  a 0,97€ el tercio.

El día que fui a ver la exposición, descubrí en la tienda del museo un libro muy curioso llamado Kakebo, que es un método japones para ahorrar donde un cerdito la mar de simpático te desvela dónde va ese dinero que nos preguntamos dónde está a fin de mes. Y al parecer lo está petando. Curioso que nos fiemos de los consejos de uno de los paises más consumistas del mundo para aprender a ahorrar, ¿no?
Como diría mi amigo Polan “Como es japonés, mola”. Ea.

LONDRES PARECE. MADRID ES

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Una de las cosas que más me gusta de Londres es la cantidad de mercadillos que tiene. No todos son tan extensos como el Rastro, pero sin duda, son mercadillos de calidad. En cada puesto encuentras artículos genuinos y diferentes de los demás y cada mercadillo se especializa en algo en concreto. Siempre que voy a Londres pienso en el hecho de que allí, con las lluvias y el frío puedas disfrutar de un mercadillo diario y  aquí en Madrid tengamos como único mercadillo el Rastro, el cual me parece que se está quedando como algo a visitar por los turistas, pero que para la mayoría de los madrileños, carece de interés. Así que este fin de semana, en el Mercado de Motores, he tenido la sensación de estar por unas horas en Spitalfields. Y me ha encantado la experiencia.

Se celebra en el Museo del Fecocarril de Madrid el viernes, sábado y domingo del 2º fin de semana de cada mes y al ser un espacio cerrado ni los vendedores ni los visitantes deben preocuparse por las posibles lluvias. Los puestos de collares y bisutería, muebles de estilo vintage, zapatos artesanales, ropa de primera y segunda mano, discos, gafas de sol de los años 50, 60 y 70, bolsos y tocados utilizan al Tren de la Fresa o al Talgo como pared donde apoyar sus artículos y dan al espacio un toque destartalado que hace de esta vieja estación de trenes un lugar acogedor. Además, al aire libre pero dentro del recinto,  hay puestos de sushi, paella, migas, bocadillos, perritos calientes, hamburguesas de The Burguer Lab, mojitos, gin tonics y cervezas. El sol de otoño, el airecito y la música en vivo me hizo recordar los domingos londineneses.

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Por cada puesto que pasaba me daban ganas de comprarme una cosa distina, pero al final, después de darme un par de vueltas, ponerme los dientes largos con muchas cosas me he acabado comprando este collar en Pitusse by Lott. Me encanta la bisutería texil. No pesa nada, es discreta y da un toque naïf genial a lo que se lleve puesto. Además la originalidad no está reñida con el precio.la foto 4(2)

Otro puesto que me ha encantado, es el de Pena Jewels. Una pequeña marca de joyería artesanal nacida en Lisboa pero con base y taller en Madrid. Sus colecciones Cola de León y Summer Fruit me han parecido de lo más ponible y de muy buen gusto. La primera son  tigres, osos, ovejas y conejos hechos de latón  envejecido  y la segunda es una colección de futas pintadas con esmaltes fríos. Hay de todo: imperdibles, pines, collares, pulsares, colgantes, pendientes, anillos, gemelos… ¡Lejos de parecer ñoño es de lo más chulo!

No hay cosa que me guste más en un mercadillo que probarme gafas de sol (¿ a quién no?) . En el puesto de Gafavintage había gafas de sol y de ver desde los 50´hasta los 80´originales de la época, que provienen de colecciones privadas y están a estrenar en perfecto estado. Los precios, siendo para pensarse la compra un par de veces, no me parecieron para nada exagerados y desde 60 euros había monturas que me parecían lo más. ¡Fue divertidisímo!

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Fuera del recinto habilitan un espacio para que la gente, supongo que será previa reserva y no sé si abonando un alquiler, vaya con las cosas que le sobran en casa a venderlas. Hay de todo, en mejor y peor estado. Cosas baratas y cosas más caras. Pero quién sabe si de lo que alguien se quiere deshacer es un tesoro para otro…