LONDRES PARECE. MADRID ES

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Una de las cosas que más me gusta de Londres es la cantidad de mercadillos que tiene. No todos son tan extensos como el Rastro, pero sin duda, son mercadillos de calidad. En cada puesto encuentras artículos genuinos y diferentes de los demás y cada mercadillo se especializa en algo en concreto. Siempre que voy a Londres pienso en el hecho de que allí, con las lluvias y el frío puedas disfrutar de un mercadillo diario y  aquí en Madrid tengamos como único mercadillo el Rastro, el cual me parece que se está quedando como algo a visitar por los turistas, pero que para la mayoría de los madrileños, carece de interés. Así que este fin de semana, en el Mercado de Motores, he tenido la sensación de estar por unas horas en Spitalfields. Y me ha encantado la experiencia.

Se celebra en el Museo del Fecocarril de Madrid el viernes, sábado y domingo del 2º fin de semana de cada mes y al ser un espacio cerrado ni los vendedores ni los visitantes deben preocuparse por las posibles lluvias. Los puestos de collares y bisutería, muebles de estilo vintage, zapatos artesanales, ropa de primera y segunda mano, discos, gafas de sol de los años 50, 60 y 70, bolsos y tocados utilizan al Tren de la Fresa o al Talgo como pared donde apoyar sus artículos y dan al espacio un toque destartalado que hace de esta vieja estación de trenes un lugar acogedor. Además, al aire libre pero dentro del recinto,  hay puestos de sushi, paella, migas, bocadillos, perritos calientes, hamburguesas de The Burguer Lab, mojitos, gin tonics y cervezas. El sol de otoño, el airecito y la música en vivo me hizo recordar los domingos londineneses.

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Por cada puesto que pasaba me daban ganas de comprarme una cosa distina, pero al final, después de darme un par de vueltas, ponerme los dientes largos con muchas cosas me he acabado comprando este collar en Pitusse by Lott. Me encanta la bisutería texil. No pesa nada, es discreta y da un toque naïf genial a lo que se lleve puesto. Además la originalidad no está reñida con el precio.la foto 4(2)

Otro puesto que me ha encantado, es el de Pena Jewels. Una pequeña marca de joyería artesanal nacida en Lisboa pero con base y taller en Madrid. Sus colecciones Cola de León y Summer Fruit me han parecido de lo más ponible y de muy buen gusto. La primera son  tigres, osos, ovejas y conejos hechos de latón  envejecido  y la segunda es una colección de futas pintadas con esmaltes fríos. Hay de todo: imperdibles, pines, collares, pulsares, colgantes, pendientes, anillos, gemelos… ¡Lejos de parecer ñoño es de lo más chulo!

No hay cosa que me guste más en un mercadillo que probarme gafas de sol (¿ a quién no?) . En el puesto de Gafavintage había gafas de sol y de ver desde los 50´hasta los 80´originales de la época, que provienen de colecciones privadas y están a estrenar en perfecto estado. Los precios, siendo para pensarse la compra un par de veces, no me parecieron para nada exagerados y desde 60 euros había monturas que me parecían lo más. ¡Fue divertidisímo!

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Fuera del recinto habilitan un espacio para que la gente, supongo que será previa reserva y no sé si abonando un alquiler, vaya con las cosas que le sobran en casa a venderlas. Hay de todo, en mejor y peor estado. Cosas baratas y cosas más caras. Pero quién sabe si de lo que alguien se quiere deshacer es un tesoro para otro…

I Love Mulaya

MULAYA

Lo más impresionante de China, La Gran Muralla. Una de las 7 Maravillas del Mundo desde el año 2007. Más de 8000km de extensión. Se dice que hasta se podía ver desde el espacio. Y es que hay cosas que parece que sólo saben hacer los Chinos.

Primero les conocimos por sus restaurantes con puertas rojas y dragones a la entrada. Después las tiendas de frutos secos y de 100 pesetas se transformaron en los cajón de sastre llamados “chinos” y ahora, las tiendas Mulaya están en calles como Narváez, San Bernando o Toledo haciendo la competencia a Zara, Mango, Blanco o Stradivarius. Así, sin enterarnos. Y me da que esto acaba de empezar. Hay algunas que ya tienen hasta sección Outlet. Alucina vecina.

Como la Muralla, la Gran Mulaya se extiende por la capital, y cada vez, con más adeptos. Y yo una de ellas. Y no me gusta todo lo que tienen, ni me parece que todo sea tan barato , pero me parece que a veces te encuentras con cosas. Y cuando doy con algo susceptible de ser comprado me hago 3 preguntas:

1. ¿Podrías encontrarlo en Zara?

2. ¿Cuesta la mitad de lo que pagarías en una tienda “normal”?

Si las dos preguntas son afirmativas, antes de plantarme frente a la caja con mi artículo “que- no-parece-de-Mulaya-pero-me -lo-llevo-a-precio-de- tienda-de-chinos” me hago la tercera pregunta o más bien reflexión: ¿Pero te lo vas a poner? ¿De verdad?¿Seguro? Si es así, adelante. En Mulaya es muy fácil ser comprador compulsivo.

Hay que tener en cuenta que  cuando compras en Mulaya ya no hay vuelta atrás, ese dinero ya no te lo devuelven. No lo recuperas. Y aunque puedes cambiarlo por otro artículo en 15 días nadie te garantiza que vayas a encontrar otra cosa que te guste en ese periodo de tiempo. Ni en esa tienda en concreto. Porque a Mulaya hay que ir, darse un paseo y ver qué te encuentras. Sin mucha pretensión ni albergando muchas ilusiones.

Esta es mi compra estrella en Mulaya. Ni me lo pensé. Hubiera pagado mucho más en cualquier otra tienda. Todo fue Sí. Sí. Si.Sí. Síííííí!!!

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¿Acaso no es digno de estar en Bimba y Lola? A mí me lo pareció y a otras tantas, también. Y es que  al final, lo mejor de comprar en Mulaya es cuando alguien te dice “Qué mono es el collar, de dónde es?” Y contestas llena de orgullo y satisfacción ” De Mulaya, 7€”